Zenén Zeferino Huervo

versador, repentista, compositor y jaranero

Cuento de un manantial

Zenén Zeferino Huervo

 

En el horizonte
donde el pastizal
al compás del viento
comienza a jugar. 
En esos parajes
bellos de verdad
duermen las historias
bajo un framboyán. 
Florecitas rojas
que aquel árbol da
todas quietecitas
quieren escuchar, 
como se despiertan
entre el humedal
aquellas leyendas
que guarda el cristal
del agüita fresca
que da el manantial.
Versos pequeñitos,
musicalidad,
manantial que todos
escuchan cantar.
Mariposas, conejitos
denme permiso que quiero,
contar un par de cuentitos
a la orilla del sendero. 
Son relatos bien bonitos
de un pajarito vaquero. 
El pajarito vaquero
le platicó al galambao:
Amanezco en el potrero
arriando, arriando el gana'o
mi caballito ligero
es el viento acompasa'o.
Allá va la vaca  mocha.
Allá va la vaca aguja,
sobrina de la melcocha
y tía de la cambuja,
bisnieta de la jarocha,
nieta de la vaca bruja.
Temprano con alegría
ordeño mis seis vaquitas
y baja la nubería
a tomar su lechecita
por eso es que todo el día
andan blancas, bien gorditas.
¡Ay! compita galambao
ese es mi eterno trabajo.
Ir de un la'o hacia otro la'o
como lo hace un estropajo.
Muchas veces he pensao
ir en busca de un relajo.
Así comentó un vaquero
entre cerros y sabanas
cuando sale un carpintero
fabricante de jaranas
¿Quieres relajo? Te espero
donde vive doña iguana.
Vaquerito y galambao
las plumas se perfumaron.
Las palmas de marachao
contentas se abanicaron
cuando vieron que al tablao
los dos amigos llegaron.
La iguana, doña anfitriona,
recibió a los visitantes,
una ardilla retozona,
seis pijules elegantes,
una zorrita pelona,
cuatro ranitas cantantes.
Llegó a bailar el totole,
a cantar la primavera.
La tuza sirvió el atole.
Tía culebra ratonera
andaba sirviendo el mole
en platitos de madera.
Elotes puso un tejón.
Con gotitas de rocío
hicieron un garrafón
de puro tepache frío.
Don cocuyo cabezón
puso todo el lucerío.
De una vieja costanera
carpintero fabricó
una jarana tercera,
que por lo bien que sonó,
en esa fiesta ranchera
vaquerito le compró.
Las manos de un aguacero
sacudieron las tonadas.
El día llegó ligero
y a la luz de las miradas
la noche dejó un reguero
de música y carcajadas.
Galambao voló contento
después del relajo aquel.
Palabrita de este cuento.
lagunita del laurel.
galambao en sotavento
ya es bailador de tropel.
El pajarito vaquero,
arreador de la sabana,
se convirtió en jaranero
y cada fin de semana
amanece en el potrero
cantando con su jarana.
Cuando la vida esta quieta
hay que andarla sacudiendo
esta es la historia completa
sin  empate ni remiendo
de un jaranerito y poeta
que hoy se vive divirtiendo.
Manantial cantante
versitos del agua
te dio el framboyán
y sus verdes ramas
por pago sonoras
risas coloradas
y los que llegaron
a tu orilla clara
contentos bebieron
todas tus palabras.
El sol de verano
despide su marcha.
Como cada tarde
que el astro se apaga,
se cunde el apompo
de  flores muy blancas.
Esas florecitas
que por la mañana
rumbo al pastizal
extienden sus alas.
silencio... la luna
de su negra sabana
asomó el brillito
de su media cara
anunciando a todos
que el día se acaba.
En el horizonte
duerme la montaña.
El apompo viejo,
que feliz descansa,
recibió en sus brazos
las últimas garzas.
 Foto: Carola Blasche

Foto: Carola Blasche

desarollo del sitio web: Carola Blasche