Zenén Zeferino Huervo

versador, repentista, compositor y jaranero

Canta lumbre del fogón...

Zenén Zeferino Huervo

 Foto: Carola Blashe

Foto: Carola Blashe

Canta lumbre del fogón,
al cantar van tus caricias
alegrando las delicias
que guarda nuestra región,
donde cocina y sazón
hacen  fiesta con la leña
sotaventina, istmeña,
mestizaje de sabores.
Una delicia, señores,
nuestra comida sureña.
Comiendo un tamal sabroso
con masa bien cocinada,
con carne de res picada
y su guiso delicioso;
tomando un popo espumoso
se goza esta maravilla.
Con  tamales de minilla,
y también de siete cueros,
se aplacan los desesperos
cuando la panza nos chilla.
Tamales  de yuca junto
al de piedra, o de frijol,
provocan el descontrol
cuando el hambre está en su punto.
O, ¿no es así? les pregunto,
¡Porque para mí así es!
Imagínense después
si en una mesa servida
ponen, para la comida,
¡Un mondongazo de res!
Me gusta el mole vaquero
a medio día, paisano;
treinta tortillas de mano
junto al platillo  prefiero.
Si  por causa del brasero
el  mole se nos  retrasa
y  el apetito traspasa
como arpón a chucumite,
con un puño de quelite,
¡Hacemos uno de masa!
Cuando un puerco se desnuca
en el filo de un respaldo,
lo destazo para  caldo
o  para  mole de yuca.
Para acabar la boruca,
sobrándome una presita,
preparo una cochinita
¡Al mero sabor istmeño!
Y si el cochino es pequeño…
Desnuco al otro que grita.
Si en el cuello del tapanco
el cochino se te atora,
no faltará una señora
que te de pozole blanco.
Empínate un sorbo franco,   
quítate lo sofocado;
sentirás muy relajado
todo el cuello al despejarlo,
para después rellenarlo, 
con un tepezcuintle asado.
Cómo  disfruto el paisaje
caminando  sobre marzo;
como   gavilán esparzo
mi vista por el follaje.
Sintiendo el calor del viaje
el hambre crece de nuevo.
Sacudo el monte, lo muevo,
salta la iguana cargada,
y en un mole preparada,
¡Le chupo huevo por huevo!
¡Qué sabroso es el peludo…!
no lo cambio, no lo dejo;
en frijol rico el cangrejo,
no importa que este greñudo.
Si el crustáceo cascarudo
entre mesa y taburete
se presenta, al molcajete
le meto  el chile picante,
y lo dejo en un instante
¡Rasura’o hasta el copete!
Comí un cangrejo cocido
asado comí un cangrejo,
vitamina  con que el viejo
recupera lo perdido.
También es reconocido
que el camarón de laguna
templa la pasión hombruna
si en un caldo se aparece;
y la mujer amanece
más contenta que ninguna.
La mujer pone al viejito,
preparado con pasión,
de laguna el camarón
con limón y coachilito.
Reverdece lo marchito,
terminan  pleitos y quejas.
Pero muchachas y  viejas
también tienen su receta…
¡Les tiembla hasta la peineta
con una sopa de almejas!
La lisa en caldo y asada
me dieron en Jicacal:
qué sabor tan especial
cuando la probé salada.
La lisa bien preparada
pone al flaco barrigón.
No hallarás imperfección
si te comes una lisa; 
si  la gula no amortiza,
cómete  un mole de ostión.
Con un cangrejo azulino
de la Sierra de Pajapan,
los sentidos se destapan
y se endereza el camino.
Como lo sirvan, opino,
queda muy bien preparado
y para el recién llegado
a este  sur veracruzano
¡Hay un arroz, primo hermano,
con camarón y pescado!
Mar del Golfo, te recuerdo.
La brisa me manda escrita:
¡Tenemos  la jaiba frita
en mantequita de cerdo!
Es por eso que no pierdo
el llamado de la brisa.
Cuando la sierra me avisa,
que al punto está la manteca,
me detengo en  Chinameca
por carne y por longaniza.
Hoy Chinameca, Sayula,
También los chacalapeños,
argumentan que son dueños
de esta delicia rechula.
El paladar estipula
con toda su majestad;
dice con su autoridad;
“Vaya este pleito al demonio,
¡Esta  carne es patrimonio
¡De toda la humanidad!”
El vegetariano peca,
hasta el hijo del Corán,
si en un platillo le dan
la carne de Chinameca.
Si ponen un cocolmeca
con tomate, ahí mismo
uno vuelve al islamismo,
y el otro sí, no regresa;
se embruja en la sutileza
de nuestro carnivorismo.
El gusto vegetariano
de todo aquel visitante
complacemos al instante
en el sur veracruzano.
Se desayuna  temprano
un plátano machacado,
Mogo mogo le han llamado
a esta receta exquisita;
después pida su negrita
de esta región del estado.
La mujer linda y sencilla
de nuestra región, machuca
plátano, frijol y yuca
para hacerlos en tortilla.
Hasta su mirada brilla
cuando machuca el elote.
Sus manos hacen que brote
la esencia más ancestral
si le ofrece al comensal
el sabroso tecoyote.
La yuca  en forma de bola
en los frijoles se vierte,
con el fuego divierte
bailando la cacerola.
Baila, baila, queda sola
y, sin nadie que lo evite,
el fuego le hace el convite
para que no se recate
y baile con el tomate
un refrito de quelite.
San Pascual Bailón,  elevo
esta oración  y plegaria:
aplaca mi solitaria
con un ajchocho con huevo.
Con este rezo me atrevo
a pedir que de este embrollo
salga el vacío, el hoyo
de mi estómago, te ruego;
San  Pascual, mándame  luego
sargo con tomate criollo.
Con un café soteapeño
junto al pan de mantequilla,
remojao de las orillas,
hasta se te quita el sueño.
Amigos, el sur es el dueño
de un sabor que no se halla
desde aquí hasta el Himalaya
y  lo sostengo, Señores,
con cocadas, alfajores
y  un buen dulce de papaya.
Este sur que tanto quiero
y que nunca me empalaga,
me cocina cuanajnaga
que brota en el encinero.
Tachogowi  chogostero
al fogón le pediré
y después me marcharé
a un fandango a Chacalapa,
donde cada diente atrapa
Tamales  y  té con té.
 
 Foto: Carola Blasche

Foto: Carola Blasche

desarollo del sitio web: Carola Blasche